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El regreso triunfal de lidia
Lidia; hace poco en un atardecer
encontré un mensaje tuyo de despedida,
sentí a mi triste ser desfallecer
llorando mi corazón sin medida.
Era tan grande mi dolor
que sin fuerza mi alma herida,
suplico ¡ Porque mi Señor!
quieres arrancarme ya la vida.
No ves como sangra mi corazón,
y de lagrimas se llenan mis ojos
si ella es de mi ser la razón
y hoy me deja hecho despojos.
Señor; aun recuerdo aquella primavera,
sus palabras tiernas y su alegría
y su amistad de amiga sincera,
que me brindo sin interés aquel día.
Señor; porque permites la maldad,
tu la conoces bien como es ella
en su ser solo anida la bondad
y su amor resplandece cual estrella.
No es justo que exista tanta gente,
que marchite esta bella flor
pues, no cabe en mi mente
a que puedan causar tanto dolor.
Y así transcurrió unos días,
pero brillo la luz nuevamente,
junto aquellas placidas alegrías;
gracias Señor, es tu amor eternamente.
Y con más fuerza Lidia a regresado,
con su amistad de siempre y su cariño
con esa bondad que nos ha dado,
con su ternura y la fe de un niño.
Sin reproches en el alma,
sin resentimientos en su ser,
con un corazón que a todos ama,
con la esperanza de un nuevo amanecer.
Gracias Señor por tu misericordia,
por tu fortaleza y el regreso triunfal
que le diste a Lidia, y con suave melodía
tus ángeles entonaron un coro celestial.
Lidia; eres aurora hermosa de cada día,
eres horizonte donde el sol se esconde,
eres la estrella que siempre nos guía,
corazón que con dulzura nos responde.
En la armonía de tu vida y tu universo,
pido al cielo que jamás nos digas adiós,
y gracias a ti por dejar plasmar mi verso
y por tu regreso gracias le doy a nuestro Dios.
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