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Por cobardia
Aaquella noche, huyendo de mí mismo,
corrí todos bares de la ciudad
en busca de paz a mi pensamiento,
en busca del alivio a mi ansiedad.
Bebiendo, alcancé la tranquilidad
qué mi alma reclamaba asiduamente;
bebiendo, perdí la afectividad,
ganando la repulsa de la gente.
Aquella noche, la luna brillaba
dispersando mi sombra en mi camino;
de cuando en cuando, mi sombra se arqueaba
con la absurda imagen qué crea el vino.
Berreando a altas horas de la noche,
ajeno a todo cuanto me rodeaba,
culebreando con risas de fantoche,
mi cuerpo lentamente caminaba.
Caminé horas y horas sin sentido,
lanzando fantochadas a la luna
con mímicas y un lenguaje atrevido
qué disgusta en aquella hora nocturna.
Aquella noche, bebiendo, olvidé
las penas qué ofuscaban mi alegría;
muy tarde supe, qué el arma que usé
para olvidar, fuera la cobardía.
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