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Tengo una vida para recordarte
Cuando tu barca anclò en mi alma
ni el viento ni el furioso oleaje
desviaron el curso de tu destino.
Cuantas veces alegre contabas
despuès de navegar por largas noches
ni el cansancio ni la fatiga
mermaron tus fuerzas y alegrìas.
Eso fue el amor, que alimento tus sueños
y entre tanto esmero
el fruto lo sentistes cuando el piar
de las gaviotas anunciaron la orilla
del puerto de mi alma.
Salude al sol y los demàs astros
nadie màs que yo acudì para estar en tus brazos,
mi amado marinero de sonora sonrisa
de grandes y tristes ojos negros.
El tiempo ha sido mi mejor regalo
quedastes preso del encanto
de las flores que cultive
para nuestro encuentro.
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